Estudios Sociales y Culturales I · Bloque II · Sesión 9
Bloque II · Sesión 9

De la Gracia a la Cultura

Herder y la palabra que cambió de sintaxis

Gustavo Bueno, los dos artículos de 1992 · Johann Gottfried Herder, Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad, Libro Noveno

I · La bisagra

De dónde viene la división

«Esta dicotomía podría considerarse […] como heredera secularizada de la distinción medieval (todavía vigente en Leibniz) entre el orden de la Naturaleza y el orden de la Gracia. El Reino de la Gracia, que se sobreañade al Reino de la Naturaleza, sin suprimirlo, vendría a convertirse en el Reino de la Cultura, en el Reino del Espíritu.»
Bueno · El Basilisco n.º 2 (1978), PDF p. 3

La frase estaba escrita al paso, en un artículo sobre las ciencias humanas. Si la cultura ocupa el lugar que dejó vacante la Gracia, entonces hablar de cultura es seguir hablando de teología sin saberlo. Los dos artículos de 1992 desarrollan esa tesis.

I · La idea de la que se parte

Un orden que se sobreañade sin suprimir el anterior

Antes de sostener que la Cultura ocupa el lugar de la Gracia hay que saber qué era la Gracia. No es la cortesía ni el don de agradar: es un concepto técnico de la teología católica, y divide en dos la totalidad de lo que existe.

Reino de la Naturaleza

El orden de lo creado, tal como es por sí mismo. Todo lo que hay, funcionando según lo que le es propio.

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Reino de la Gracia

Un orden sobrenatural que se sobreañade al anterior sin destruirlo — Gratia naturam non tollit, sed perficit: la Gracia no suprime la naturaleza, sino que la perfecciona. Leibniz (1646-1716) todavía da por vigente esa división.

«El Reino de la Gracia viene de arriba, pero no se queda arriba, en un mundo angélico; desciende a la Tierra […] para “elevar” a la naturaleza humana a un estado superior y casi divino
Bueno · «El reino de la Cultura y el reino de la Gracia» — PDF pp. 9-10
I · La idea de la que se parte

Dos oficios y dos modos

Los dos oficios

Medicinal y elevante

La Gracia medicinal repara lo que el pecado original resquebrajó en la naturaleza humana. Pero su efecto principal es el de la Gracia elevante, que sitúa al hombre por encima de la naturaleza y, en la expresión de Bueno, literalmente lo diviniza.

Los dos modos

Actual y habitual

La Gracia actual es la acción misma de Dios, presente y objetiva. La habitual o santificante es la cualidad permanente impresa en el alma. No es un adorno añadido por fuera: «la Gracia toca a la misma substancia de los hombres».

Estos dos pares son exactamente los que va a heredar, uno por uno, la idea moderna de cultura.

I · La forma del argumento

Si la idea no cabía antes, algo ocupaba su lugar

Bueno no se conforma con fechar la idea: pregunta por qué no pudo aparecer antes. La respuesta tiene una forma que sirve para cualquier historia de las ideas.

«Si no cabía en épocas precedentes, es porque alguna otra idea bloqueaba, en el sistema global de las ideas vigentes, el lugar propio que le corresponde. Será preciso que esa idea precursora desaparezca para que pueda abrirse paso la idea moderna de cultura. ¿Y cuál puede ser esta idea precursora? He aquí mi respuesta: la Idea de la Gracia.»
íd. — PDF p. 9
«La religión está cortada por la mitad, precisamente porque la religión no es cultura; la religión es gracia, no es cultura
Bueno · conferencia de 1978 — transcripción de la exposición oral
I · La palabra en funcionamiento

La palabra que justifica el gasto

Un alcalde se defiende en rueda de prensa: los periodistas le preguntan por qué gastó una cantidad, al parecer excesiva, del presupuesto municipal en traer una orquesta sinfónica extranjera a las fiestas de la ciudad. Tras unos minutos de respuestas titubeantes, encuentra la salida: «porque el concierto sinfónico que hemos escuchado es una forma de cultura», y remata: «acaso una de las formas más altas de la cultura».

Lo notable no fue la ocurrencia del alcalde melómano, sino el efecto: los periodistas «se apaciguaron, se tranquilizaron, se callaron», como si estuvieran rumiando «no habíamos caído en la cuenta».

Bueno · «¿Qué queremos decir cuando hablamos de Cultura?», Diario 16, 8 de febrero de 1992 — PDF p. 1

A la pregunta del título, Bueno responde: «Yo creo que nada, y no tanto por vacuidad, cuanto por superabundancia de denotación, y por oscuridad cuasi metafísica de connotación».

I · La herencia

Todo lo que hoy llamamos cultural fue antes de la Gracia

«Prácticamente todos los contenidos que llamamos hoy culturales, y desde luego los más nobles y espirituales, estaban llamados a formar parte de la jurisdicción del Reino de la Gracia, a ser “usurpados” por él: empezando por las religiones positivas, la revelación, el lenguaje, pero continuando por la moral y terminando por la política.»
Bueno · «El reino de la Cultura y el reino de la Gracia» — PDF p. 11

Y todavía en plena época moderna el abate Gaume lo sostenía al pie de la letra: «Las vírgenes de Rafael, la cúpula de San Pedro en Roma, las catedrales góticas, la música de Mozart […] son hijos del culto católico».

Si la lista de bienes es la misma y solo cambió el nombre del reino que los administra, ¿qué se gana llamándolos cultura?

I · La herencia, punto por punto

Lo que se hereda no son los bienes: son las contradicciones

Reino de la GraciaReino de la Cultura
La Gracia actual —la acción de Dios, objetiva— y la Gracia habitual —cualidad impresa en un alma concreta— tienen que ser la misma cosa, y no lo son. La cultura objetiva —el patrimonio, las obras, aquello a lo que se «accede»— y la cultura subjetiva —lo que una persona ha adquirido— tienen que ser la misma cosa, y no lo son.
Una Gracia que se dice universal, don de Dios a todos los hombres, frente a la realidad de tantos pueblos des-graciados, que quedan fuera de ella. Una cultura que se dice universal —«patrimonio de la humanidad»— frente a la realidad de múltiples culturas particulares que no se sienten dispuestas a aceptar la subordinación.
Es una idea ininteligible para quien no está dentro: sus términos no se dejan definir sin apelar a lo sobrenatural. «Nadie entiende la Idea de Cultura […] No la entiende nadie, ni bien ni mal, en el plano político, porque es ininteligible

Bueno · «El reino de la Cultura y el reino de la Gracia» — PDF pp. 6, 11-12

II · Una palabra, dos ideas

La palabra cambió de sintaxis en el siglo XVIII

El cambio se ve en la gramática antes que en la filosofía.

Hasta el siglo XVIII

«Cultura» no se dice nunca sola: va siempre unida a un genitivo que dice de qué. Agri-cultura, cultivo del campo. Cultura animi, cultivo del espíritu — la expresión es de Cicerón. La palabra nombra una actividad, y necesita su complemento para significar algo.

Desde el siglo XVIII

Empieza a decirse «la cultura», sin complemento. Una palabra que antes exigía decir de qué ahora se sostiene sola. Ha dejado de nombrar una actividad y nombra una cosa: se ha vuelto sustancia.

Y una vez sustantivada, la palabra puede recibir dos contenidos incompatibles.

II · Una palabra, dos ideas

Dos acepciones que no se llevan bien

Acepción tradicional · subjetiva

Conjunto de hábitos adquiridos por aprendizaje y no por herencia. Es una acepción psicológica y axiológicamente neutra: los hábitos pueden ser buenos o malos, y quien los adquiere puede ser un hombre primitivo o incluso un animal. Es la que hoy recuperan psicólogos y etólogos, que oponen cultura a naturaleza como oponen aprendizaje a herencia.

Idea moderna · objetiva

Un organismo supraindividual —el etnólogo alemán Leo Frobenius lo llamó Paideuma— cuyo sujeto ya no es una persona sino un Pueblo: la cultura es el Volksgeist, el espíritu del pueblo. Llega al individuo, pero moldeándolo y elevándolo sobre su condición animal. Y por eso deja de ser un hecho: es también un valor.

Bueno · PDF pp. 7-8

La idea moderna, dice Bueno, «está ya viva en la obra de Herder».

II · La incompatibilidad

No son dos grados de lo mismo

La tentación es tratarlas como dos caras de una definición más amplia. La tesis de Bueno es la contraria: la cultura genitiva y la cultura sustantiva no se pueden sumar. Y la diferencia se oye en dos giros del castellano.

Genitivo · cultura subjetiva

«La cultura de los españoles» — los hábitos que unas personas concretas han adquirido. Se describe, se cuenta, se compara. Quien no los tiene, simplemente no los tiene.

Sustantivo · cultura objetiva

«La cultura española» — una entidad que existe por sí misma, con lo que Bueno llama su autonomía estructural, y de la que los españoles participan. Puede reclamarse, defenderse y perderse.

Cuando alguien dice «tenemos que defender nuestra cultura», ¿de cuál de las dos habla? ¿Y podría defenderse la otra?

II · Dos palabras para el mismo reparto

En español, civilización; en alemán, cultura

Civilización, de civitas, arrastra un momento histórico compartido por naciones que van a la par; cultura subraya lo propio e intransferible de cada pueblo. El reparto se ve en los títulos de los libros.

Lo que se escribió

Guizot, Historia de la civilización europea.
Lévi-Provençal, La civilización árabe en España.

Lo que habría escrito un alemán

Historia de la cultura europea.
La cultura árabe en España.

Bueno · El mito de la cultura, cap. 1

Y la tradición anglosajona de Morgan y Tylor invirtió el reparto: «cultura» para los pueblos primitivos, «civilización» para las fases últimas.

II · Para qué sirve la acepción subjetiva

La cultura subjetiva sirve para clasificar personas

La acepción tradicional no es inocente por ser descriptiva. Los griegos la llamaron paideia —crianza, educación, formación— y con ella dividieron a la humanidad en cultivados e incultos, según parámetros que cada sociedad fija por convención.

«La cultura animi de los antiguos, aun refiriéndose a una cultura subjetual, se circunscribía, sin embargo, a la cultura de los griegos y romanos frente a los bárbaros, a los esclavos, incluso a los rústicos
Bueno · El mito de la cultura, cap. 2

Un repertorio de lo que hay que saber para pasar por culto es, al mismo tiempo, un repertorio de lo que se puede ignorar sin pagar precio. ¿Cuál es hoy, aquí, cada una de las dos listas?

III · El autor

Herder, el hombre en cuya obra la idea ya está viva

Quién

Johann Gottfried Herder

1744-1803. Pastor luterano, predicador y filósofo prusiano. Estudió en Königsberg con Kant, y acabó siendo su adversario. Desde 1776 ocupó en Weimar el cargo de superintendente eclesiástico, en el círculo de Goethe.

Qué obra

Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad

Veinte libros publicados por partes; el prólogo de la primera está firmado en Weimar, el 23 de abril de 1784. La obra no empieza por el hombre: empieza por la posición de la Tierra entre los astros y va descendiendo hasta la historia humana.

Qué pregunta el Libro Noveno

Cómo llega un hombre a ser hombre

Su encabezado lo enuncia entero: «Por más que le agrade al hombre hacerse la ilusión de que está produciendo todas las cosas por sí solo, depende, sin embargo, de los demás en el desarrollo de sus aptitudes».

III · La tesis

Nadie se hace hombre por sí mismo

«El hombre es una máquina de admirable diseño, dotada de predisposiciones genéticas y la plenitud de la vida; pero esta máquina no se pone en funcionamiento por sí sola y aun el hombre más capaz debe aprender su manejo. La razón es un agregado de percepciones y hábitos de nuestra alma, una resultante de la educación de nuestra especie.»
Herder · Libro Noveno — PDF p. 2

De ahí saca Herder una consecuencia sobre el oficio del historiador: si cada hombre se hiciera a sí mismo, «tendríamos la historia de un hombre, pero no la de los hombres». La historia solo existe porque nadie empieza de cero.

«Ningún individuo se ha hecho hombre por sí mismo» — p. 3

III · El mecanismo

Dos principios, y la especie entera se sostiene

Herder los enuncia como los principios de toda su filosofía de la historia, y los imprime espaciados para que no pasen desapercibidos: la tradición y las fuerzas orgánicas.

Tradición · lo que se transmite

«Toda educación se opera por medio de la imitación y el ejercicio, o sea, por la transición de la figura del modelo a la cosa imitada. ¿Qué mejor denominación podríamos darle que la de tradición?»

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Fuerzas orgánicas · lo que asimila

«El que realiza la imitación debe poseer la capacidad de asimilar lo imitado y transformarlo en sustancia propia lo mismo que el alimento.» Recibir no basta: hay que poder digerir.

«Genética por la transmisión y orgánica por la asimilación y aplicación de lo transmitido» — pp. 3-4

III · El centro de la sesión

Aquí la palabra recibe su nombre

«Para darle un nombre a esta segunda génesis del hombre que abarca toda su vida podemos, partiendo del cultivo del agro, llamarla cultura, o también, tomando la imagen de la luminosidad del esclarecimiento, denominarla período de las luces.»
Herder · Libro Noveno — PDF p. 4

Es la operación de la que hablaba Bueno, sorprendida en el acto: Herder toma la palabra del campo —el genitivo, agri-cultura— y la traslada a una segunda génesis del hombre. La palabra ya no dice de qué. Ya nombra una cosa.

Y esa cosa, advierte de inmediato, obra en dos direcciones: «Mientras el hombre permanezca en compañía de hombres no puede sustraerse a esta cultura formativa o deformante».

III · La consecuencia

La diferencia entre los pueblos es de grado, no de especie

«También el habitante de California y Tierra del Fuego aprendió a fabricar el arco y las flechas […]; posee un lenguaje de conceptos, tiene ejercicios y artes que aprendió como los aprendemos nosotros. La diferencia entre los pueblos de cultura y los que no lo son es, por consiguiente, no específica sino sólo gradual.»
Herder · Libro Noveno — PDF pp. 4-5
«Si partimos de que la noción de la cultura se define por la cultura europea, no hay que extrañarse de que la cultura se encuentre solamente en Europa.»
íd. — PDF p. 5

El único hombre sin cultura que Herder puede concebir es un caso límite: «un niño a quien desde el primer instante se entregara a una loba».

III · El medio

El medio por excelencia de la cultura es el lenguaje

Es el título que Herder pone a la segunda sección. Y lo que sigue no es un elogio: es un inventario de las limitaciones del único instrumento que tenemos.

Lo que permite

«La voz de los difuntos resuena en mis oídos y yo oigo sus pensamientos que enmudecieron desde tiempos inmemoriales.» El lenguaje es «el distintivo característico de nuestra inteligencia, por el cual ésta toma forma y se propaga».

p. 11
Lo que cuesta

«Ningún lenguaje expresa objetos sino nombres.» De ahí que «nuestro pobre intelecto no es más que un calculador de signos», y que «toda nuestra metafísica es meta-física»: un registro de nombres que viene detrás de la experiencia.

pp. 11-12

Un historiador trabaja con lo que quedó dicho. Si el lenguaje es este instrumento, ¿qué queda de lo que quiso decir quien lo dijo?

III · El germen del espíritu del pueblo

Cada lengua guarda el carácter de un pueblo

«En cada uno de los idiomas están expresados el carácter y el intelecto de un pueblo. […] El genio de un pueblo no se revela en ningún lugar mejor que en la fisonomía de su lenguaje.»
Herder · Libro Noveno — PDF p. 15

Herder propone incluso la disciplina que haría falta para estudiarlo: una Filología Filosófica Comparada que compare las lenguas del mundo para leer en ellas los caracteres de los pueblos. «El premio está desierto todavía.»

Esta frase, y no la del bautizo, es la que hará carrera: el Volksgeist —el espíritu del pueblo como sujeto de la cultura— empieza a ser pensable aquí.

III · El pliegue

Once páginas después, el propio Herder traza la frontera

«Si el lenguaje es el medio de la cultura humana de nuestra especie, la escritura es el medio de la cultura intelectual. Todas las naciones que no adoptaron este medio de la tradición son, según nuestros conceptos, no cultas
Herder · Libro Noveno — PDF p. 16

Y vuelven, en la misma página, las edades de la humanidad: «Hay naciones que se hallan en la infancia, la juventud, la pubertad, la edad madura». Son las que él mismo había repudiado en el prólogo de la obra:

«Jamás se me habría ocurrido que las pocas palabras alegóricas —infancia, juventud, edad viril— […] hubieran de servir para medir la historia de la cultura. ¿Qué pueblo hay en la tierra que no tenga cultura propia?»
Herder · Ideas, prólogo de la primera parte — Weimar, 23 de abril de 1784
Cierre

Lo que queda dicho

Que la palabra «cultura» ocupó el lugar que dejó libre la Gracia, y heredó de ella sus contradicciones; que en el siglo XVIII dejó de exigir un complemento y se volvió sustancia; y que en Herder puede verse ese traslado en el acto, con la metáfora del campo declarada — junto con la vacilación de quien niega la frontera entre pueblos cultos e incultos en el prólogo y la vuelve a trazar en el Libro Noveno.

Viernes 21 de agosto · Tylor, La cultura primitiva (1871), capítulo I — 15 pp. · Snow, Las dos culturas (1959) — 24 pp. Traigan señalado un pasaje de cada uno para discutir.

Tylor da la definición que faltaba; Snow sostiene que la ciencia es una cultura frente a otra. No pueden tener razón los dos.

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