Un concepto traidor
UPB · Programa de Historia · Camilo Atehortúa
El bloque I terminó con una contradicción sin resolver y una pregunta abierta: qué es exactamente eso que llamamos «ciencias humanas». El texto de 1978 no discute las ciencias humanas: discute el concepto de ciencias humanas.
Por qué un concepto que parece obvio es de los más oscuros, y qué se juega en su definición.
Tres casos para ensayar el método y un debate: el de la historia, que es el nuestro.
De dónde viene la oposición entre ciencias naturales y humanas — y ahí empieza el bloque II.
«“Las ciencias humanas son las ciencias que se ocupan del conocimiento del hombre”; o, dicho en griego, “la forma científica de la autognosis”. ¿Cabe algo más claro, más incitante, más puro, más inmediatamente evidente?»Bueno · El Basilisco n.º 2 (1978), PDF p. 1
Esa definición es la que casi todo el mundo daría. Y es, según Bueno, la señal de alarma:
«difícilmente podría señalarse una cuestión hoy por hoy más oscura, más embrollada, más contaminada o impura […]: tanto más oscuro tiene su concepto quien con mayor claridad lo percibe.»íd., PDF p. 1
«Bajo su rúbrica prestigiosa logran elevarse al rango universitario disciplinas (tecnologías, mitologías…) tan dudosas, en cuanto a su estatuto científico, como puedan serlo el Psicoanálisis, las Ciencias de la Información o la Mariología.»íd., PDF p. 1 · transcripción del facsímil, erratas de digitalización corregidas
«Y no precisamente para lograr que algún psicoanalista, algún politólogo, algún “antropólogo” o algún mariólogo deje de usar en vano el nombre de “ciencia” […] sino para tratar de saber qué es lo que se puede decir en cada caso al utilizar el nombre de la ciencia.»íd., PDF p. 2 — el propósito, y también el de esta sesión
Los saberes se dividen por grados de abstracción: Física, Matemática, Metafísica. El «Hombre» no es el objeto formal de ninguna ciencia, así que «ciencias humanas» no puede ni formularse.
PDF p. 3Lo que separa las ciencias no es lo natural de lo humano, sino lo divino de lo que no lo es. Y como las ciencias divinas son sobrenaturales, las demás resultan a la vez humanas y naturales: la oposición se borra.
PDF p. 3La oposición naturales/humanas es moderna, y está cerca de partir el universo en dos órdenes: el de la naturaleza y el de la libertad. Kant. Y detrás de esa partición hay otra, más antigua.
PDF p. 3«La oposición entre ciencias naturales y ciencias humanas mantendría análogo significado intensional al que se encierra en la oposición entre Ciencias y Letras […]. La unidad englobante de la palabra “Ciencia” encubriría la oposición de lo que C. P. Snow llamó las dos culturas, en un libro célebre.»íd., PDF p. 2
Bueno lo menciona de paso y sigue. Pero la observación deja algo servido: la división que se discute en esta sesión es la misma que, con otro vocabulario, parte por la mitad a cualquier universidad — y la que se leerá completa dentro de dos sesiones.
Hay antinomia cuando dos afirmaciones contrarias se siguen, ambas y con igual necesidad, de los mismos principios. No es una equivocación que se corrija con más investigación: las dos partes tienen razón, y por eso el conflicto no se disuelve. Kant llamó así a las que halló en el uso de la razón. Esta quedó abierta en el bloque anterior.
Una disciplina alcanza el rango de ciencia cuando neutraliza al sujeto: cuando sus resultados dejan de depender de quién los produjo. Es lo que hace la datación por radiocarbono.
Pero si lo neutraliza del todo, deja de ser una ciencia humana: su objeto ya no son los hombres en cuanto operan, sino materia como cualquier otra. Al ganar rigor pierde el objeto.
Las dos salidas cuestan. La pregunta del debate no es cuál es la verdadera, sino qué se paga por cada una.
Qué cosas, de clases distintas, se ponen a operar juntas. No «de qué habla»: con qué trabaja.
Qué se hace materialmente con ellas: contar, fechar, cotejar, transcribir, medir, seriar.
Si al cambiar la persona cambia el resultado, no hay cierre. Hay otra cosa, que puede ser valiosa.
Un procedimiento independiente que llegue al mismo lugar. Cada uno que confluye ensancha la verdad.
Son las mismas de la sesión anterior. No exigen decidir de antemano si algo «es o no es científico»: solo mirar lo que se hace.
Ninguna disciplina cae entera de un lado. Entre neutralizar al sujeto por completo y contar con él del todo hay una gradación continua, y una misma disciplina ocupa puntos distintos según la tarea que esté haciendo. Situarla es decir en qué punto trabaja, y no si merece o no el nombre de ciencia.
Psicoanálisis, ciencias de la información y economía política pasan por las cuatro preguntas, en voz alta y entre todos. Sirven para ver el método funcionando sobre disciplinas ajenas.
De cada uno queda un punto en la escala y un precio nombrado. Con eso ya hay con qué comparar.
Cuatro grupos, con posición asignada: dos sostienen que la historia cierra su campo, dos sostienen la acusación de Ibn Hazm. Nadie elige el bando.
12 minSe alternan los turnos. Solo se admiten objeciones apoyadas en un pasaje del texto o en un ejemplo de trabajo histórico real.
20 minEl curso vota, y quien vota tiene que decir qué precio acepta pagar con su voto.
5 minNombrado por Bueno, junto a las Ciencias de la Información, entre las disciplinas «tan dudosas en cuanto a su estatuto científico» que se elevan al rango universitario.
PDF p. 1Igual cargo. Hoy se llamarían comunicación social o periodismo, y ocupan facultades enteras.
PDF p. 1Cargo distinto: no que sea dudosa, sino que declara abiertamente su finalidad instrumental — sea en el marco de la sociedad capitalista, sea en el de la revolución socialista.
PDF p. 1, nota 1Las tres pasan por las cuatro preguntas y quedan situadas en la escala. Son el ensayo: ninguna es la nuestra, y por eso se discuten sin nada en juego.
Bueno no incluye a la historia entre las disciplinas dudosas. Y en esta facultad nadie la pondría en duda: es la carrera que todos escogieron. Esa es exactamente la razón para ponerla — un método que solo se aplica a lo que ya sospechábamos no sirve de nada.
Contra ella no declara Bueno, sino un testigo del siglo XI que él rescata: un pensador que clasificó la Historia fuera de las ciencias que valen para todos los pueblos.
Bueno · El Basilisco n.º 2 (1978), PDF p. 3
Todo lo que se dijo de las otras tres hay que poder sostenerlo ahora sobre la propia.
Bueno recupera una distinción medieval «hoy muy olvidada» que, dice, encierra un interés gnoseológico primordial. No divide las ciencias por su objeto, sino por su alcance:
Valen igual en cualquier lengua y en cualquier tradición. Quien las aprende no necesita pertenecer a un pueblo determinado.
Gramática, Lexicografía, Historia, Derecho, Sagrada Escritura, Teología dogmática. Solo existen dentro del pueblo que las produce.
Si la Historia solo existe dentro del pueblo que la escribe, ¿en qué sentido es una ciencia y no una forma de la memoria de ese pueblo?
| Contra el «son ciencias jóvenes» | «¿acaso la Química no es tan joven, o todavía más, como la Economía política?» El conflicto no es falta de madurez: es constitutivo. |
|---|---|
| Contra el «se ocupa del hombre» | Una ciencia no tiene objeto, tiene campo. Decir «se ocupa del hombre» no dice nada sobre con qué se opera. |
| A favor de la cientificidad | La situación α₂: hay estructuras producidas por los hombres que ya no dependen de ellos, y que se comportan como objetivas. |
| La antinomia, otra vez | Neutralizar las operaciones eleva la disciplina al rango científico más alto — y al hacerlo le quita su condición de ciencia humana. Ningún alegato puede quedarse con una mitad y callar la otra. |
Los pasajes proceden de ¿Qué es la ciencia?, visor pp. 49-55, y del artículo de 1978
¿La historia cierra su campo —produce resultados que no dependen de quién los produjo— o es, como sostiene Ibn Hazm, una ciencia particular del pueblo que la escribe?
Tienen que exhibir al menos una operación del trabajo histórico cuyo resultado no cambie según quién la haga, y decir con qué se comprueba. No vale afirmar que la historia es rigurosa: hay que mostrar dónde.
Tienen que exhibir un caso concreto en que el resultado que de verdad importa sea inseparable de quien lo produjo — y que no se arregle con más documentos ni con mejor método.
Ganar el turno no es suficiente: cada lado debe además nombrar lo que su propia posición le cuesta a la historia.
Al cerrar, el curso vota. Pero un voto solo cuenta si deja dichas estas tres cosas:
La pregunta no era si la historia merece el nombre de ciencia. Era qué se puede decir con rigor en su caso — lo que Bueno anunció desde la segunda página.
«Esta dicotomía podría considerarse […] como heredera secularizada de la distinción medieval (todavía vigente en Leibniz) entre el orden de la Naturaleza y el orden de la Gracia. El Reino de la Gracia, que se sobreañade al Reino de la Naturaleza, sin suprimirlo, vendría a convertirse en el Reino de la Cultura, en el Reino del Espíritu.»Bueno · El Basilisco n.º 2 (1978), PDF p. 3
Aquí termina la discusión sobre las ciencias humanas y empieza el bloque II. La misma frase cierra un problema y abre otro: si la cultura ocupa el lugar que dejó vacante la Gracia, entonces hablar de cultura es seguir hablando de teología sin saberlo. Esa tesis, escrita al paso en 1978, es la que desarrollan los dos artículos que leyeron para hoy.
Antes de sostener que la Cultura ocupa el lugar de la Gracia hay que saber qué era la Gracia. No es la cortesía ni el don de agradar: es un concepto técnico de la teología católica, y divide en dos la totalidad de lo que existe.
El orden de lo creado, tal como es por sí mismo. Todo lo que hay, funcionando según lo que le es propio.
Un orden sobrenatural que se sobreañade al anterior sin destruirlo — Gratia naturam non tollit, sed perficit: la Gracia no suprime la naturaleza, sino que la perfecciona. Leibniz (1646-1716) todavía da por vigente esa división.
«El Reino de la Gracia viene de arriba, pero no se queda arriba, en un mundo angélico; desciende a la Tierra, pero no solamente para rehacer una naturaleza abortiva o aberrante, sino para “elevar” a la naturaleza humana a un estado superior y casi divino.»Bueno · «El reino de la Cultura y el reino de la Gracia» — PDF pp. 9-10
La Gracia medicinal repara lo que el pecado original resquebrajó en la naturaleza humana. Pero su efecto principal es el de la Gracia elevante, que sitúa al hombre por encima de la naturaleza y, en la expresión de Bueno, literalmente lo diviniza.
La Gracia actual es la acción misma de Dios, presente y objetiva. La habitual o santificante es la cualidad permanente impresa en el alma. No es un adorno añadido por fuera: «la Gracia toca a la misma substancia de los hombres».
Retengan estos dos pares: son exactamente los que va a heredar, uno por uno, la idea moderna de cultura.
Que la idea de cultura sea moderna podría ser un simple dato de hecho. Bueno no se conforma con fecharla: pregunta por qué no pudo aparecer antes. La respuesta tiene una forma que conviene retener, porque sirve para cualquier historia de las ideas.
«Si no cabía en épocas precedentes, es porque alguna otra idea bloqueaba, en el sistema global de las ideas vigentes, el lugar propio que le corresponde. Será preciso que esa idea precursora desaparezca para que pueda abrirse paso la idea moderna de cultura. ¿Y cuál puede ser esta idea precursora? He aquí mi respuesta: la Idea de la Gracia.»íd. — PDF p. 9
«En esto reside la imposibilidad de encontrar en la doctrina escolástica una teoría de la cultura y una ciencia de la cultura: porque un contenido tan importante de las ciencias de la cultura como es la religión está cortado por la mitad, precisamente porque la religión no es cultura; la religión es gracia, no es cultura.»Bueno · conferencia de 1978 — transcripción de la exposición oral, erratas de audio corregidas
Un alcalde se defiende en rueda de prensa: los periodistas le preguntan por qué gastó una cantidad, al parecer excesiva, del presupuesto municipal en traer una orquesta sinfónica extranjera a las fiestas de la ciudad. Tras unos minutos de respuestas titubeantes, encuentra la salida: «porque el concierto sinfónico que hemos escuchado es una forma de cultura», y remata: «acaso una de las formas más altas de la cultura».
Lo notable no fue la ocurrencia del alcalde melómano, sino el efecto: los periodistas «se apaciguaron, se tranquilizaron, se callaron», como si estuvieran rumiando «no habíamos caído en la cuenta».
Bueno · «¿Qué queremos decir cuando hablamos de Cultura?», Diario 16, 8 de febrero de 1992 — PDF p. 1
Es la operación de la primera parte de esta clase, con otra palabra. Y a la pregunta del título, Bueno responde: «Yo creo que nada, y no tanto por vacuidad, cuanto por superabundancia de denotación, y por oscuridad cuasi metafísica de connotación».
«prácticamente todos los contenidos que llamamos hoy culturales, y desde luego los más nobles y espirituales, estaban llamados a formar parte de la jurisdicción del Reino de la Gracia, a ser “usurpados” por él: empezando por las religiones positivas, la revelación, el lenguaje, pero continuando por la moral y terminando por la política.»Bueno · «El reino de la Cultura y el reino de la Gracia» — PDF p. 11
Y todavía en plena época moderna el abate Gaume lo sostenía al pie de la letra: «Las vírgenes de Rafael, la cúpula de San Pedro en Roma, las catedrales góticas, la música de Mozart […] son hijos del culto católico».
Si la lista de bienes es la misma y solo cambió el nombre del reino que los administra, ¿qué se gana llamándolos cultura?
| Reino de la Gracia | Reino de la Cultura |
|---|---|
| La Gracia actual —la acción de Dios, objetiva— y la Gracia habitual —cualidad impresa en un alma concreta— tienen que ser la misma cosa, y no lo son. | La cultura objetiva —el patrimonio, las obras, aquello a lo que se «accede»— y la cultura subjetiva —lo que una persona ha adquirido— tienen que ser la misma cosa, y no lo son. |
| Una Gracia que se dice universal, don de Dios a todos los hombres, frente a la realidad de tantos pueblos des-graciados, que quedan fuera de ella. | Una cultura que se dice universal —«patrimonio de la humanidad»— frente a la realidad de múltiples culturas particulares que no se sienten dispuestas a aceptar la subordinación. |
| Es una idea ininteligible para quien no está dentro: sus términos no se dejan definir sin apelar a lo sobrenatural. | «Nadie entiende la Idea de Cultura […] No la entiende nadie, ni bien ni mal, en el plano político, porque es ininteligible.» |
| «La idea de Cultura, transformación de la idea teológica de la Gracia, ¿no será ella misma una idea de la Teología Dogmática, una idea intrínsecamente oscura, confusa y contradictoria? Las ciencias de la cultura ¿no son tan endebles, en cuanto ciencias, como las ciencias de la Gracia?» | |
Bueno · «El reino de la Cultura y el reino de la Gracia» — PDF pp. 6, 11-12
El cambio se ve en la gramática antes que en la filosofía.
«Cultura» no se dice nunca sola: va siempre unida a un genitivo que dice de qué. Agri-cultura, cultivo del campo. Cultura animi, cultivo del espíritu. La palabra nombra una actividad, y necesita su complemento para significar algo.
Empieza a decirse «la cultura», sin complemento. Una palabra que antes exigía decir de qué ahora se sostiene sola. Ha dejado de nombrar una actividad y nombra una cosa: se ha vuelto sustancia.
Y una vez sustantivada, la palabra puede recibir dos contenidos incompatibles.
Conjunto de hábitos adquiridos por aprendizaje y no por herencia. Es una acepción psicológica y axiológicamente neutra: los hábitos pueden ser buenos o malos, y quien los adquiere puede ser un hombre primitivo o incluso un animal. Es la que hoy recuperan psicólogos y etólogos, que oponen cultura a naturaleza como oponen aprendizaje a herencia.
Un organismo supraindividual —el etnólogo alemán Leo Frobenius lo llamó Paideuma— cuyo sujeto ya no es una persona sino un Pueblo: la cultura es el Volksgeist, el espíritu del pueblo. Llega al individuo, pero moldeándolo y elevándolo sobre su condición animal. Y por eso deja de ser un hecho: es también un valor.
La idea moderna, dice Bueno, «está ya viva en la obra de Herder». Y en Inglaterra, Tylor la reinterpretó devolviéndole la acepción tradicional: la cultura como aquel «todo complejo» que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, derecho y costumbres.
«Se mantiene, incluso en su primer puesto, la Idea de Libertad; la Fraternidad se ha transformado en Solidaridad. En cambio […] ha descendido muchos puestos la Idea de Igualdad, y ha sido precisamente la Idea de Cultura aquella que ha ido desplazando lentamente de su lugar a la Idea de Igualdad.»íd. — PDF p. 6
La sustitución tiene su fórmula: «la verdadera igualdad no la da el dinero, sino la cultura». Y la idea ascendente no se detiene ahí — pretende reabsorber también a la primera: «sólo la cultura da la Libertad».
El ascenso de la idea no ocurrió solo en las aulas. Se incubó en la universidad alemana de finales del siglo XVIII y creció allí durante un siglo; pero se hizo visible cuando sirvió para gobernar.
Contraria sunt circa eadem — los contrarios versan sobre lo mismo. Se combatió a la Iglesia con la idea que se le había heredado.
Que «ciencias humanas» no es un rótulo neutral sino un concepto en disputa, con consecuencias materiales; que la división de la que vive es moderna y tiene un antepasado teológico; y que la palabra «cultura» hace hoy el mismo trabajo de justificación, en el lugar que la Gracia dejó libre. El bloque II examina esa palabra con el mismo rigor con que el bloque I examinó la palabra «ciencia».
Viernes 14 de agosto · Herder, Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad, Libro Noveno — páginas 246 a 280 del PDF. Traigan señalado un pasaje para discutir.
La versión desarrollada de esta tesis —el capítulo 5 de El mito de la cultura— se lee el 21 de agosto