Estudios Sociales y Culturales I · Bloque II · Sesión 8
Miércoles 12 de agosto de 2026 · 12:00 pm

Las ciencias humanas

Un concepto traidor

UPB · Programa de Historia · Camilo Atehortúa

Apertura del bloque II

Lo que se decide hoy

El bloque I terminó con una contradicción sin resolver y una pregunta abierta: qué es exactamente eso que llamamos «ciencias humanas». El texto de 1978 no discute las ciencias humanas: discute el concepto de ciencias humanas.

I

La palabra traidora

Por qué un concepto que parece obvio es de los más oscuros, y qué se juega en su definición.

II

El tribunal

Tres casos para ensayar el método y un debate: el de la historia, que es el nuestro.

III

De la Gracia a la Cultura

De dónde viene la oposición entre ciencias naturales y humanas — y ahí empieza el bloque II.

I · La trampa de la claridad

Cuanto más claro parece, más oscuro es

«“Las ciencias humanas son las ciencias que se ocupan del conocimiento del hombre”; o, dicho en griego, “la forma científica de la autognosis”. ¿Cabe algo más claro, más incitante, más puro, más inmediatamente evidente?»
Bueno · El Basilisco n.º 2 (1978), PDF p. 1

Esa definición es la que casi todo el mundo daría. Y es, según Bueno, la señal de alarma:

«difícilmente podría señalarse una cuestión hoy por hoy más oscura, más embrollada, más contaminada o impura […]: tanto más oscuro tiene su concepto quien con mayor claridad lo percibe
íd., PDF p. 1
I · Lo que está en juego

No es una disputa de definiciones: es de presupuesto

«Bajo su rúbrica prestigiosa logran elevarse al rango universitario disciplinas (tecnologías, mitologías…) tan dudosas, en cuanto a su estatuto científico, como puedan serlo el Psicoanálisis, las Ciencias de la Información o la Mariología.»
íd., PDF p. 1 · transcripción del facsímil, erratas de digitalización corregidas
  • Millares de estudiantes llenan esas aulas; millones se invierten en esas investigaciones.
  • Y como los recursos son finitos, cada peso asignado a las ciencias humanas se le resta a otra ciencia. La discusión tiene consecuencias materiales.
«Y no precisamente para lograr que algún psicoanalista, algún politólogo, algún “antropólogo” o algún mariólogo deje de usar en vano el nombre de “ciencia” […] sino para tratar de saber qué es lo que se puede decir en cada caso al utilizar el nombre de la ciencia
íd., PDF p. 2 — el propósito, y también el de esta sesión
I · Genealogía de una división

La oposición no siempre existió

Aristóteles

El concepto no existe

Los saberes se dividen por grados de abstracción: Física, Matemática, Metafísica. El «Hombre» no es el objeto formal de ninguna ciencia, así que «ciencias humanas» no puede ni formularse.

PDF p. 3
Escolástica

La división es otra

Lo que separa las ciencias no es lo natural de lo humano, sino lo divino de lo que no lo es. Y como las ciencias divinas son sobrenaturales, las demás resultan a la vez humanas y naturales: la oposición se borra.

PDF p. 3
Modernidad

Naturaleza y libertad

La oposición naturales/humanas es moderna, y está cerca de partir el universo en dos órdenes: el de la naturaleza y el de la libertad. Kant. Y detrás de esa partición hay otra, más antigua.

PDF p. 3
I · Lo que la palabra «ciencia» encubre

Dos culturas bajo un solo nombre

«La oposición entre ciencias naturales y ciencias humanas mantendría análogo significado intensional al que se encierra en la oposición entre Ciencias y Letras […]. La unidad englobante de la palabra “Ciencia” encubriría la oposición de lo que C. P. Snow llamó las dos culturas, en un libro célebre.»
íd., PDF p. 2

Bueno lo menciona de paso y sigue. Pero la observación deja algo servido: la división que se discute en esta sesión es la misma que, con otro vocabulario, parte por la mitad a cualquier universidad — y la que se leerá completa dentro de dos sesiones.

II · El problema que hay que resolver

Una antinomia no es un error: es una contradicción con dos razones

Hay antinomia cuando dos afirmaciones contrarias se siguen, ambas y con igual necesidad, de los mismos principios. No es una equivocación que se corrija con más investigación: las dos partes tienen razón, y por eso el conflicto no se disuelve. Kant llamó así a las que halló en el uso de la razón. Esta quedó abierta en el bloque anterior.

Primera parte

Una disciplina alcanza el rango de ciencia cuando neutraliza al sujeto: cuando sus resultados dejan de depender de quién los produjo. Es lo que hace la datación por radiocarbono.

Segunda parte

Pero si lo neutraliza del todo, deja de ser una ciencia humana: su objeto ya no son los hombres en cuanto operan, sino materia como cualquier otra. Al ganar rigor pierde el objeto.

Las dos salidas cuestan. La pregunta del debate no es cuál es la verdadera, sino qué se paga por cada una.

II · El instrumento

Cuatro preguntas para cualquier disciplina

Primera

¿Cuál es el campo?

Qué cosas, de clases distintas, se ponen a operar juntas. No «de qué habla»: con qué trabaja.

Segunda

¿Cuáles son las operaciones?

Qué se hace materialmente con ellas: contar, fechar, cotejar, transcribir, medir, seriar.

Tercera

¿El resultado depende de quién operó?

Si al cambiar la persona cambia el resultado, no hay cierre. Hay otra cosa, que puede ser valiosa.

Cuarta

¿Hay un segundo camino?

Un procedimiento independiente que llegue al mismo lugar. Cada uno que confluye ensancha la verdad.

Son las mismas de la sesión anterior. No exigen decidir de antemano si algo «es o no es científico»: solo mirar lo que se hace.

II · Dónde se sitúa una disciplina

Entre los dos extremos no hay frontera: hay grados

Ninguna disciplina cae entera de un lado. Entre neutralizar al sujeto por completo y contar con él del todo hay una gradación continua, y una misma disciplina ocupa puntos distintos según la tarea que esté haciendo. Situarla es decir en qué punto trabaja, y no si merece o no el nombre de ciencia.

fechar un hueso
seriar precios
entrevistar a un testigo
peritar en un juicio
Extremo izquierdoEl resultado no depende de quién operó. Se puede repetir y comprobar. Extremo derechoEl resultado exige decisiones de quien opera, y a menudo tiene una finalidad práctica.
II · El ejercicio

Tres casos para ensayar, un debate para resolver

Primero · con todo el curso · 15 min
Los tres casos

Psicoanálisis, ciencias de la información y economía política pasan por las cuatro preguntas, en voz alta y entre todos. Sirven para ver el método funcionando sobre disciplinas ajenas.

Lo que dejan

De cada uno queda un punto en la escala y un precio nombrado. Con eso ya hay con qué comparar.

Después · en cuatro grupos · 37 min
Preparación

Cuatro grupos, con posición asignada: dos sostienen que la historia cierra su campo, dos sostienen la acusación de Ibn Hazm. Nadie elige el bando.

12 min
Confrontación

Se alternan los turnos. Solo se admiten objeciones apoyadas en un pasaje del texto o en un ejemplo de trabajo histórico real.

20 min
Votación

El curso vota, y quien vota tiene que decir qué precio acepta pagar con su voto.

5 min
II · Los tres casos

Tres disciplinas que Bueno nombra

Psicoanálisis

Nombrado por Bueno, junto a las Ciencias de la Información, entre las disciplinas «tan dudosas en cuanto a su estatuto científico» que se elevan al rango universitario.

PDF p. 1
Ciencias de la Información

Igual cargo. Hoy se llamarían comunicación social o periodismo, y ocupan facultades enteras.

PDF p. 1
Economía política

Cargo distinto: no que sea dudosa, sino que declara abiertamente su finalidad instrumental — sea en el marco de la sociedad capitalista, sea en el de la revolución socialista.

PDF p. 1, nota 1

Las tres pasan por las cuatro preguntas y quedan situadas en la escala. Son el ensayo: ninguna es la nuestra, y por eso se discuten sin nada en juego.

II · El caso central

La historia entra al banquillo por una razón particular

Bueno no incluye a la historia entre las disciplinas dudosas. Y en esta facultad nadie la pondría en duda: es la carrera que todos escogieron. Esa es exactamente la razón para ponerla — un método que solo se aplica a lo que ya sospechábamos no sirve de nada.

Contra ella no declara Bueno, sino un testigo del siglo XI que él rescata: un pensador que clasificó la Historia fuera de las ciencias que valen para todos los pueblos.

Bueno · El Basilisco n.º 2 (1978), PDF p. 3

Todo lo que se dijo de las otras tres hay que poder sostenerlo ahora sobre la propia.

II · Testigo de cargo

Ibn Hazm de Córdoba, siglo XI

Bueno recupera una distinción medieval «hoy muy olvidada» que, dice, encierra un interés gnoseológico primordial. No divide las ciencias por su objeto, sino por su alcance:

Ciencias comunes a todos los pueblos

Valen igual en cualquier lengua y en cualquier tradición. Quien las aprende no necesita pertenecer a un pueblo determinado.

Ciencias particulares de cada pueblo

Gramática, Lexicografía, Historia, Derecho, Sagrada Escritura, Teología dogmática. Solo existen dentro del pueblo que las produce.

Bueno · PDF p. 3

Si la Historia solo existe dentro del pueblo que la escribe, ¿en qué sentido es una ciencia y no una forma de la memoria de ese pueblo?

II · Jurisprudencia disponible

Lo que cada parte puede invocar

Contra el «son ciencias jóvenes»«¿acaso la Química no es tan joven, o todavía más, como la Economía política?» El conflicto no es falta de madurez: es constitutivo.
Contra el «se ocupa del hombre»Una ciencia no tiene objeto, tiene campo. Decir «se ocupa del hombre» no dice nada sobre con qué se opera.
A favor de la cientificidadLa situación α₂: hay estructuras producidas por los hombres que ya no dependen de ellos, y que se comportan como objetivas.
La antinomia, otra vezNeutralizar las operaciones eleva la disciplina al rango científico más alto — y al hacerlo le quita su condición de ciencia humana. Ningún alegato puede quedarse con una mitad y callar la otra.

Los pasajes proceden de ¿Qué es la ciencia?, visor pp. 49-55, y del artículo de 1978

II · Lo que se debate

La pregunta, y lo que cada lado tiene que demostrar

¿La historia cierra su campo —produce resultados que no dependen de quién los produjo— o es, como sostiene Ibn Hazm, una ciencia particular del pueblo que la escribe?

Dos grupos · la defensa

Tienen que exhibir al menos una operación del trabajo histórico cuyo resultado no cambie según quién la haga, y decir con qué se comprueba. No vale afirmar que la historia es rigurosa: hay que mostrar dónde.

Dos grupos · la acusación

Tienen que exhibir un caso concreto en que el resultado que de verdad importa sea inseparable de quien lo produjo — y que no se arregle con más documentos ni con mejor método.

Ganar el turno no es suficiente: cada lado debe además nombrar lo que su propia posición le cuesta a la historia.

II · El veredicto

No basta con absolver o condenar

Al cerrar, el curso vota. Pero un voto solo cuenta si deja dichas estas tres cosas:

  • Un punto en la escala. Dónde queda la historia entre neutralizar al sujeto y contar con él — y si queda en más de un punto, según la tarea, decir en cuáles.
  • Un precio. Qué pierde por estar ahí: firmeza del resultado, o pertinencia del objeto. No hay posición gratis.
  • Una operación concreta. Algo que se haga con las manos o con aparatos y produzca resultados independientes de quien los hizo. Si no aparece ninguna, eso también es un resultado del debate.

La pregunta no era si la historia merece el nombre de ciencia. Era qué se puede decir con rigor en su caso — lo que Bueno anunció desde la segunda página.

III · La bisagra

De dónde viene la división

«Esta dicotomía podría considerarse […] como heredera secularizada de la distinción medieval (todavía vigente en Leibniz) entre el orden de la Naturaleza y el orden de la Gracia. El Reino de la Gracia, que se sobreañade al Reino de la Naturaleza, sin suprimirlo, vendría a convertirse en el Reino de la Cultura, en el Reino del Espíritu.»
Bueno · El Basilisco n.º 2 (1978), PDF p. 3

Aquí termina la discusión sobre las ciencias humanas y empieza el bloque II. La misma frase cierra un problema y abre otro: si la cultura ocupa el lugar que dejó vacante la Gracia, entonces hablar de cultura es seguir hablando de teología sin saberlo. Esa tesis, escrita al paso en 1978, es la que desarrollan los dos artículos que leyeron para hoy.

III · La idea de la que se parte

Un orden que se sobreañade sin suprimir el anterior

Antes de sostener que la Cultura ocupa el lugar de la Gracia hay que saber qué era la Gracia. No es la cortesía ni el don de agradar: es un concepto técnico de la teología católica, y divide en dos la totalidad de lo que existe.

Reino de la Naturaleza

El orden de lo creado, tal como es por sí mismo. Todo lo que hay, funcionando según lo que le es propio.

+
Reino de la Gracia

Un orden sobrenatural que se sobreañade al anterior sin destruirlo — Gratia naturam non tollit, sed perficit: la Gracia no suprime la naturaleza, sino que la perfecciona. Leibniz (1646-1716) todavía da por vigente esa división.

«El Reino de la Gracia viene de arriba, pero no se queda arriba, en un mundo angélico; desciende a la Tierra, pero no solamente para rehacer una naturaleza abortiva o aberrante, sino para “elevar” a la naturaleza humana a un estado superior y casi divino
Bueno · «El reino de la Cultura y el reino de la Gracia» — PDF pp. 9-10
III · La idea de la que se parte

Dos oficios y dos modos

Los dos oficios

Medicinal y elevante

La Gracia medicinal repara lo que el pecado original resquebrajó en la naturaleza humana. Pero su efecto principal es el de la Gracia elevante, que sitúa al hombre por encima de la naturaleza y, en la expresión de Bueno, literalmente lo diviniza.

Los dos modos

Actual y habitual

La Gracia actual es la acción misma de Dios, presente y objetiva. La habitual o santificante es la cualidad permanente impresa en el alma. No es un adorno añadido por fuera: «la Gracia toca a la misma substancia de los hombres».

Retengan estos dos pares: son exactamente los que va a heredar, uno por uno, la idea moderna de cultura.

III · La forma del argumento

Si la idea no cabía antes, algo ocupaba su lugar

Que la idea de cultura sea moderna podría ser un simple dato de hecho. Bueno no se conforma con fecharla: pregunta por qué no pudo aparecer antes. La respuesta tiene una forma que conviene retener, porque sirve para cualquier historia de las ideas.

«Si no cabía en épocas precedentes, es porque alguna otra idea bloqueaba, en el sistema global de las ideas vigentes, el lugar propio que le corresponde. Será preciso que esa idea precursora desaparezca para que pueda abrirse paso la idea moderna de cultura. ¿Y cuál puede ser esta idea precursora? He aquí mi respuesta: la Idea de la Gracia.»
íd. — PDF p. 9
«En esto reside la imposibilidad de encontrar en la doctrina escolástica una teoría de la cultura y una ciencia de la cultura: porque un contenido tan importante de las ciencias de la cultura como es la religión está cortado por la mitad, precisamente porque la religión no es cultura; la religión es gracia, no es cultura
Bueno · conferencia de 1978 — transcripción de la exposición oral, erratas de audio corregidas
III · La misma operación, otra palabra

La palabra que justifica el gasto

Un alcalde se defiende en rueda de prensa: los periodistas le preguntan por qué gastó una cantidad, al parecer excesiva, del presupuesto municipal en traer una orquesta sinfónica extranjera a las fiestas de la ciudad. Tras unos minutos de respuestas titubeantes, encuentra la salida: «porque el concierto sinfónico que hemos escuchado es una forma de cultura», y remata: «acaso una de las formas más altas de la cultura».

Lo notable no fue la ocurrencia del alcalde melómano, sino el efecto: los periodistas «se apaciguaron, se tranquilizaron, se callaron», como si estuvieran rumiando «no habíamos caído en la cuenta».

Bueno · «¿Qué queremos decir cuando hablamos de Cultura?», Diario 16, 8 de febrero de 1992 — PDF p. 1

Es la operación de la primera parte de esta clase, con otra palabra. Y a la pregunta del título, Bueno responde: «Yo creo que nada, y no tanto por vacuidad, cuanto por superabundancia de denotación, y por oscuridad cuasi metafísica de connotación».

III · La herencia

Todo lo que hoy llamamos cultural fue antes de la Gracia

«prácticamente todos los contenidos que llamamos hoy culturales, y desde luego los más nobles y espirituales, estaban llamados a formar parte de la jurisdicción del Reino de la Gracia, a ser “usurpados” por él: empezando por las religiones positivas, la revelación, el lenguaje, pero continuando por la moral y terminando por la política.»
Bueno · «El reino de la Cultura y el reino de la Gracia» — PDF p. 11

Y todavía en plena época moderna el abate Gaume lo sostenía al pie de la letra: «Las vírgenes de Rafael, la cúpula de San Pedro en Roma, las catedrales góticas, la música de Mozart […] son hijos del culto católico».

Si la lista de bienes es la misma y solo cambió el nombre del reino que los administra, ¿qué se gana llamándolos cultura?

III · La herencia, punto por punto

Lo que se hereda no son los bienes: son las contradicciones

Reino de la GraciaReino de la Cultura
La Gracia actual —la acción de Dios, objetiva— y la Gracia habitual —cualidad impresa en un alma concreta— tienen que ser la misma cosa, y no lo son. La cultura objetiva —el patrimonio, las obras, aquello a lo que se «accede»— y la cultura subjetiva —lo que una persona ha adquirido— tienen que ser la misma cosa, y no lo son.
Una Gracia que se dice universal, don de Dios a todos los hombres, frente a la realidad de tantos pueblos des-graciados, que quedan fuera de ella. Una cultura que se dice universal —«patrimonio de la humanidad»— frente a la realidad de múltiples culturas particulares que no se sienten dispuestas a aceptar la subordinación.
Es una idea ininteligible para quien no está dentro: sus términos no se dejan definir sin apelar a lo sobrenatural. «Nadie entiende la Idea de Cultura […] No la entiende nadie, ni bien ni mal, en el plano político, porque es ininteligible
«La idea de Cultura, transformación de la idea teológica de la Gracia, ¿no será ella misma una idea de la Teología Dogmática, una idea intrínsecamente oscura, confusa y contradictoria? Las ciencias de la cultura ¿no son tan endebles, en cuanto ciencias, como las ciencias de la Gracia?»

Bueno · «El reino de la Cultura y el reino de la Gracia» — PDF pp. 6, 11-12

III · Una palabra, dos ideas

La palabra cambió de sintaxis en el siglo XVIII

El cambio se ve en la gramática antes que en la filosofía.

Hasta el siglo XVIII

«Cultura» no se dice nunca sola: va siempre unida a un genitivo que dice de qué. Agri-cultura, cultivo del campo. Cultura animi, cultivo del espíritu. La palabra nombra una actividad, y necesita su complemento para significar algo.

Desde el siglo XVIII

Empieza a decirse «la cultura», sin complemento. Una palabra que antes exigía decir de qué ahora se sostiene sola. Ha dejado de nombrar una actividad y nombra una cosa: se ha vuelto sustancia.

Y una vez sustantivada, la palabra puede recibir dos contenidos incompatibles.

III · Una palabra, dos ideas

Dos acepciones que no se llevan bien

Acepción tradicional · subjetiva

Conjunto de hábitos adquiridos por aprendizaje y no por herencia. Es una acepción psicológica y axiológicamente neutra: los hábitos pueden ser buenos o malos, y quien los adquiere puede ser un hombre primitivo o incluso un animal. Es la que hoy recuperan psicólogos y etólogos, que oponen cultura a naturaleza como oponen aprendizaje a herencia.

Idea moderna · objetiva

Un organismo supraindividual —el etnólogo alemán Leo Frobenius lo llamó Paideuma— cuyo sujeto ya no es una persona sino un Pueblo: la cultura es el Volksgeist, el espíritu del pueblo. Llega al individuo, pero moldeándolo y elevándolo sobre su condición animal. Y por eso deja de ser un hecho: es también un valor.

Bueno · PDF pp. 7-8

La idea moderna, dice Bueno, «está ya viva en la obra de Herder». Y en Inglaterra, Tylor la reinterpretó devolviéndole la acepción tradicional: la cultura como aquel «todo complejo» que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, derecho y costumbres.

III · El ascenso

La Cultura ocupó el puesto que dejó la Igualdad

«Se mantiene, incluso en su primer puesto, la Idea de Libertad; la Fraternidad se ha transformado en Solidaridad. En cambio […] ha descendido muchos puestos la Idea de Igualdad, y ha sido precisamente la Idea de Cultura aquella que ha ido desplazando lentamente de su lugar a la Idea de Igualdad
íd. — PDF p. 6

La sustitución tiene su fórmula: «la verdadera igualdad no la da el dinero, sino la cultura». Y la idea ascendente no se detiene ahí — pretende reabsorber también a la primera: «sólo la cultura da la Libertad».

III · El ascenso

La Cultura fue, desde el principio, un arma política

El ascenso de la idea no ocurrió solo en las aulas. Se incubó en la universidad alemana de finales del siglo XVIII y creció allí durante un siglo; pero se hizo visible cuando sirvió para gobernar.

  • La palabra. Kulturkampf —«lucha por la cultura»— la acuñó Rudolf Virchow (1821-1902), médico y político alemán, para el enfrentamiento del Estado prusiano con la Iglesia católica en la década de 1870.
  • El uso. Bismarck, el canciller que unificaba Alemania, vio en la Cultura una idea directora de la política: un proceso que pasaba por la lucha contra Francia y contra la Iglesia Romana.

Contraria sunt circa eadem — los contrarios versan sobre lo mismo. Se combatió a la Iglesia con la idea que se le había heredado.

Cierre

Lo que queda dicho

Que «ciencias humanas» no es un rótulo neutral sino un concepto en disputa, con consecuencias materiales; que la división de la que vive es moderna y tiene un antepasado teológico; y que la palabra «cultura» hace hoy el mismo trabajo de justificación, en el lugar que la Gracia dejó libre. El bloque II examina esa palabra con el mismo rigor con que el bloque I examinó la palabra «ciencia».

Viernes 14 de agosto · Herder, Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad, Libro Noveno — páginas 246 a 280 del PDF. Traigan señalado un pasaje para discutir.

La versión desarrollada de esta tesis —el capítulo 5 de El mito de la cultura— se lee el 21 de agosto

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