El objeto propio de la sociología
Émile Durkheim, Las reglas del método sociológico (1895), Introducción y cap. I — pp. 35-52
Nacido en Épinal (Lorena), hijo y nieto de rabinos. Formado como filósofo en la École Normale Supérieure de París.
Dictó el primer curso regular de sociología en una universidad francesa: la Facultad de Letras de Burdeos, desde 1887.
La división del trabajo social (1893), Las reglas del método sociológico (1895), El suicidio (1897), Las formas elementales de la vida religiosa (1912).
«Un capítulo del Curso de filosofía positiva es más o menos el único estudio original e importante que poseemos sobre la materia.» Introducción, p. 35
Comte bautizó la ciencia y la llamó «física social» (bloque I). Spencer y Mill escribieron sobre ella, pero sin decir con qué procedimientos se investiga.
«Las precauciones que han de tomarse en la observación de los hechos, la forma correcta de plantear los principales problemas, el sentido en el que deben dirigirse las investigaciones, las prácticas especiales que podían permitirles llegar al final, las reglas que deben presidir la administración de las pruebas, quedaron sin definir.» Introducción, p. 36
Los grandes sociólogos «no salieron siquiera de las generalizaciones sobre la naturaleza de las sociedades […] y sobre la marcha general del progreso» (pp. 35-36).
I
Cap. I, p. 38
«Cada individuo bebe, duerme, come, razona y a la sociedad le interesa que dichas funciones se ejerzan en forma regular. Por lo tanto, si esos hechos fueran sociales, la sociología no tendría objeto propio y su campo se confundiría con el de la biología y la psicología.» Cap. I, p. 38
¿Qué tiene que tener un fenómeno para que no lo pueda estudiar ni la biología ni la psicología?
II
Cap. I, pp. 38-41
«Cuando desempeño mi tarea de hermano, esposo o ciudadano […] realizo deberes que están definidos, fuera de mí y de mis actos, en el derecho y en las costumbres. Incluso cuando están de acuerdo con mis sentimientos […], ésta no deja de ser objetiva; porque no soy yo quien los ha creado, sino que los he recibido por medio de la educación.» Cap. I, pp. 38-39
Los ejemplos del texto: las creencias religiosas que se encuentran ya hechas al nacer, la lengua, la moneda, los instrumentos de crédito, las prácticas de la profesión (p. 39).
«Están dotados de un poder imperativo y coercitivo en virtud del cual se imponen a él, lo quiera o no. Sin duda, cuando me conformo a él plenamente, esta coacción no se siente o se siente poco […]. Pero no deja de ser un carácter intrínseco de esos hechos y la prueba estriba en que se afirma en cuanto yo trato de resistir.» Cap. I, p. 39
| Regla | Qué pasa si se infringe |
|---|---|
| El derecho | Impide el acto, lo anula o lo hace expiar. |
| La moral | La conciencia pública lo reprime con su vigilancia y sus castigos. |
| Las convenciones | Vestir contra los usos del país y de la clase: «la risa que provoco, el alejamiento en el que se me mantiene». |
| La lengua y la moneda | Nada obliga a hablar francés ni a pagar con moneda legal, «pero es imposible no hacerlo». |
| La técnica | Trabajar con los métodos del siglo pasado no está prohibido, «pero me arruinaría indefectiblemente». |
Cap. I, p. 40
«Consisten en modos de actuar, de pensar y de sentir, exteriores al individuo, y están dotados de un poder de coacción en virtud del cual se imponen sobre él. Además, no pueden confundirse con los fenómenos orgánicos, puesto que consisten en representaciones y en actos; ni con los fenómenos psíquicos, los cuales sólo existen dentro de la conciencia individual y por ella.» Cap. I, pp. 40-41
Su sustrato no es el individuo: es la sociedad política entera o alguno de sus grupos — confesiones religiosas, escuelas políticas y literarias, corporaciones profesionales (p. 41).
III
Cap. I, pp. 42-44
«Somos entonces juguetes de una ilusión que nos hace creer que hemos elaborado nosotros mismos lo que se nos impone desde fuera. […] Es como el aire, que no deja de pesar aunque ya no sintamos su peso.» Cap. I, p. 42
«Individuos perfectamente inofensivos en su mayoría, pueden, reunidos en multitud, dejarse arrastrar a hacer cosas atroces.» Cap. I, p. 43
«Toda educación consiste en un esfuerzo continuo por imponer al niño formas de ver, de sentir y de actuar a las cuales no llegaría espontáneamente. […] Si con el tiempo dejan de sentir esta coacción, es porque poco a poco engendra hábitos, tendencias internas que la hacen inútil.» Cap. I, pp. 43-44
Los padres y maestros «no son más que representantes e intermediarios» de la presión del medio social (p. 44).
IV
Cap. I, pp. 44-52
«Si es general será porque es colectivo (es decir, más o menos obligatorio), pero no es colectivo por ser general. […] Está en cada parte porque está en el todo, pero no está en el todo porque esté en las partes.» Cap. I, p. 47
Contra Gabriel Tarde, que explicaba lo social por la imitación: la expansión es «no la causa, sino la consecuencia» del carácter sociológico (nota, p. 49).
Hay corrientes de opinión que empujan, con desigual intensidad según los tiempos y los países, al matrimonio, al suicidio o a una natalidad más o menos alta. La estadística las aísla: la tasa se obtiene dividiendo el total anual de casos por el número de hombres en edad de casarse, de procrear o de suicidarse.
Como la cifra reúne todos los casos, «las circunstancias individuales […] se neutralizan entre sí». Lo que queda, dice el texto, expresa «cierto estado del alma colectiva».
Cap. I, p. 46
Es el programa de El suicidio (1897): explicar socialmente el acto más individual que existe.
«Estas maneras de ser son únicamente maneras de hacer consolidadas. […] El tipo de vivienda que se nos impone no es más que la forma en que todo el mundo que nos rodea y, en parte, las generaciones anteriores, se han acostumbrado a construir sus casas. Las vías de comunicación no son más que el cauce que se ha abierto a sí mismo […] la corriente regular de los intercambios.» Cap. I, pp. 50-51
Entre la regla jurídica y la moda hay «toda una gama de matices»: «Unas y otras no son más que vida más o menos cristalizada» (p. 51).
«Un hecho social es toda manera de hacer, establecida o no, susceptible de ejercer sobre el individuo una coacción exterior; o también, el que es general en la extensión de una sociedad determinada teniendo al mismo tiempo una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales.» Cap. I, pp. 51-52