ESC-I · Estudios Sociales y Culturales I · Programa de Historia, UPB
Glosario para leer a Gustavo Bueno ¿Qué es la ciencia?
Pentalfa, Oviedo, 1995 — términos y conceptos clave para el Bloque 1
Sesión 5 · mié 29 jul · visor pp. 2-20 (impresas 9-35)Sesión 6 · vie 31 jul · visor pp. 21-59 (impresas 37-88)
Antes de empezar. Bueno es difícil de leer por una razón concreta: escribe desde un sistema filosófico propio —el materialismo filosófico— que tiene su propia terminología técnica y, además, redefine palabras que creíamos entender («materia», «forma», «cierre», «categoría»). No es oscuridad gratuita: cada término raro hace un trabajo preciso. Este glosario existe para que el vocabulario no les impida ver el argumento.
Dos numeraciones de página. Dentro de cada entrada, los números remiten a la paginación del libro impreso: son los que aparecen entre corchetes en el PDF del curso, por ejemplo [27]. Las lecturas y las presentaciones de clase, en cambio, citan la página del visor — la que muestra el lector de PDF. El desfase entre ambas no es constante (va de 8 a 29 páginas), porque algunas páginas del visor contienen dos del libro: para pasar de una a otra, busquen el corchete más cercano.
Parte I — Sesión 5 · visor pp. 2-20No hay una única idea de ciencia
Mundo / mundo entorno
Para Bueno, el «Mundo» no es «todo lo que existe» ahí afuera, independiente de nosotros: es la porción de realidad organizada por quienes viven en ella, según su «radio de acción». Cada especie animal (y cada cultura humana) tiene su mundo entorno: los sapos del cuento creían que el mundo era su pozo, hasta que uno salió en el cubo del sacristán y descubrió que llegaba «hasta las tapias del huerto del señor cura». Bueno toma la idea del biólogo Jakob von Uexküll (en el texto aparece escrito «von Uesküll») y su doctrina de los Umwelten, pero rechaza que esos mundos sean burbujas incomunicadas: se cruzan y se penetran entre sí.
Distinción de base en todo el sistema de Bueno. Los conceptos son las configuraciones que cada cultura da a sus contenidos concretos: un hacha, una moneda, una forma de matrimonio. Las Ideas (con mayúscula) son los intentos de coordinar conceptos diferentes entre sí, dentro de una cultura o entre culturas. Las Ideas no bajan del cielo platónico: brotan del propio proceso histórico del mundo. La «Idea de Ciencia» es justamente eso: una Idea que brota de las ciencias positivas como instituciones históricas.
Las ciencias en sentido moderno y fuerte: Geometría, Química, Termodinámica, Biología molecular… «Positivas» no significa aquí «optimistas» ni remite sin más a Comte: significa que son ciencias efectivas, dadas como hechos históricos e institucionales (laboratorios, revistas, aparatos, comunidades), no meros ideales. Todo el libro gira en torno a la pregunta por qué hace que estas construcciones sean ciencias y no otra cosa.
Bueno distingue cuatro sentidos históricos de la palabra, que no se reemplazan sino que conviven y se entrecruzan:
Ciencia como «saber hacer» — cercana al arte o la técnica: la «ciencia del zapatero», la «ciencia del navegante». Su escenario es el taller. Es la acepción más antigua y sigue viva (pp. 12-13).
Ciencia como sistema de proposiciones derivadas de principios — el modelo de Aristóteles en los Segundos analíticos, tomado de la geometría y generalizado por los escolásticos incluso a la teología. Su escenario es la escuela (la Academia). Fue hegemónica casi veinte siglos, del s. IV a. C. al s. XVI (pp. 13-14).
Ciencia como ciencia positiva — el sentido moderno y estricto: Galileo, Newton, la revolución industrial. Su escenario es el laboratorio, que Bueno describe con una fórmula memorable: «talleres convertidos en escuelas» (p. 14).
Ciencia extendida a las «ciencias humanas» — la ampliación del formato de la ciencia positiva a campos antes reservados a cronistas, anticuarios y relatos de viajes: Ciencias Históricas, Políticas, de la Educación… Bueno advierte que su reconocimiento académico no equivale automáticamente a una «justificación gnoseológica» (pp. 14-15). Ojo, historiadores: su disciplina está en esta cuarta acepción, y el libro deja abierta la pregunta de hasta qué punto es ciencia en el sentido de la tercera.
No es lo mismo hacer ciencia que preguntarse qué es la ciencia. Una teoría de la ciencia es una construcción (filosófica) que intenta dar cuenta de qué hace que las ciencias sean ciencias. Bueno distingue teorías genéricas (que tratan la ciencia desde otra disciplina: psicología, sociología, lógica de la ciencia, teoría de la información) y la teoría de la ciencia por antonomasia, que busca lo específico de las ciencias: aquello por lo cual la Termodinámica se parece a la Aritmética pero se diferencia de una sinfonía, de una catedral o de un partido político.
Gnoseología / teoría gnoseológica (y su diferencia con epistemología)
El término más importante de toda la lectura. Bueno llama gnoseológica a la teoría de la ciencia que analiza la estructura de las ciencias positivas como construcciones peculiares (con su materia y su forma), y reserva epistemología para la perspectiva que trata la ciencia como conocimiento, es decir, desde la relación entre un sujeto que conoce y un objeto conocido. La pregunta epistemológica sería: «¿qué tipo de conocimiento aporta la ciencia?»; la gnoseológica es otra: «¿qué estructura hace que una ciencia sea una ciencia, distinta de las demás y de lo que no es ciencia?». La teoría gnoseológica es filosófica, no científica: no existe una «ciencia de la ciencia».
se define en pp. 17-18; se desarrolla en pp. 19-20 y 25-26 · Fuente: df173
Materialismo filosófico
El sistema filosófico general de Gustavo Bueno, del que este libro expone la rama gnoseológica. No es el materialismo «de manual» (todo es materia física) ni el materialismo dialéctico soviético (Diamat): es una doctrina que se opone a la vez al monismo materialista y al espiritualismo, y que reconoce distintos géneros de materialidad (no todo lo material es corpóreo: una distancia o un teorema son materiales sin ser cuerpos). En el texto que leemos, Bueno usa sobre todo la etiqueta «materialismo gnoseológico», que es la aplicación de este sistema a la teoría de la ciencia.
marco de todo el texto; «materialismo gnoseológico» desde p. 27 · Fuente: df001
Dos maneras de ser un «todo». Una totalidad atributiva es aquella cuyas partes están físicamente trabadas entre sí y se necesitan unas a otras: una máquina, un organismo, una catedral. Una totalidad distributiva es aquella cuyas partes realizan el todo cada una por separado: la clase «los martes», o la especie «gato», que se realiza entera en cada gato. Bueno lo usa para precisar el «hecho de la pluralidad de las ciencias»: las ciencias (en plural) forman una totalidad distributiva (cada ciencia es ciencia por su cuenta), pero cada ciencia por dentro es una totalidad atributiva (sus partes están trabadas).
Grafía exacta en este texto: «holótico» («teoría holótica», «funciones holóticas», «términos holóticos»); la forma «holotético» no aparece en la lectura. Viene del griego hólos (todo): lo holótico es lo relativo a la teoría de todos y partes. Cuando Bueno dice que plantea la pregunta «¿qué es la ciencia?» «en el terreno generalísimo de la teoría holótica», está diciendo: voy a tratar cada ciencia como un todo compuesto de partes, y a preguntar qué unifica esas partes y qué distingue un todo científico de otro.
La pareja conceptual clave de la Parte I, tomada de Aristóteles pero reutilizada: materia y forma no son aquí «sustancias» sino dos funciones dentro del todo que es cada ciencia. La materia de una ciencia son los contenidos de su campo (para la Biología: ácidos nucleicos, mitocondrias, células, tejidos); la forma es aquello que da unidad a ese campo y lo distingue de otros. La gran pregunta gnoseológica se reescribe así: ¿qué papel juegan materia y forma en la constitución de las verdades científicas? Las cuatro familias de teorías son las cuatro respuestas posibles.
Bueno se niega a decir que las ciencias tienen «objeto» (la Biología no tiene «la vida» como objeto, ni la Psicología «el alma»): las ciencias tienen campo, es decir, una multiplicidad de términos de clases distintas (células, mitocondrias, aves, mamíferos). Decir «objeto» presupone que la unidad de la ciencia ya está dada; decir «campo» deja esa unidad como algo que la propia ciencia debe construir. Por eso rechaza como pseudociencias una «Teología» definida como ciencia de Dios o una «Psicología» definida como ciencia del Alma: un solo objeto no da para una ciencia.
Cuestión que ninguna teoría gnoseológica puede esquivar (y que, según Bueno, las teorías psicológicas o sociológicas de la ciencia simplemente dejan de lado). Cada familia de teorías se define por dónde pone la verdad: en la materia, en la forma, en la adecuación de ambas o en su codeterminación. La respuesta propia de Bueno es la verdad como identidad sintética (ver la última entrada).
El corazón de esta primera lectura. Bueno construye una «teoría de teorías»: clasifica todas las teorías de la ciencia posibles según el peso que dan a la materia y a la forma en la constitución de la verdad, usando valores booleanos (1 = ahí reside la verdad; 0 = ahí no). Con el orden (materia, forma):
Familia
(mat, for)
La verdad está en…
Ejemplo
I. Descripcionismo
(1,0)
la materia (los hechos)
Círculo de Viena (Schlick)
II. Teoreticismo
(0,1)
la forma (las teorías)
Popper
III. Adecuacionismo
(1,1)
la adecuación forma-materia
Aristóteles, Tarski
IV. Materialismo gnoseológico
(0,0)
ni en una ni en otra por separado
Bueno (cierre categorial)
Importante: las cuatro familias se relacionan dialécticamente — cada teoría se define contra las otras («pensar una teoría es pensar contra otras»), no son casillas independientes de un catálogo.
Familia (1,0): la verdad científica está en la materia misma; las formas (fórmulas, modelos, lógica) son solo instrumentos «transparentes» para que las cosas se muestren por sí mismas. La verdad se entiende como des-velación (en griego, alétheia: quitar el velo). Modelo puro: el neopositivismo del Círculo de Viena (Moritz Schlick: «el fin de la ciencia es dar una descripción verdadera de los hechos»). Bueno objeta que el descripcionismo «ni siquiera describe» cómo proceden las ciencias reales, porque comete una hipóstasis de la materia; pero le reconoce un mérito histórico como «instrumento catártico» contra el teoreticismo dominante.
Familia (0,1): la verdad (o lo que haga sus veces) está en las construcciones teóricas, no en los hechos. Bueno distingue un teoreticismo primario (la verdad de una teoría es su coherencia interna: Duhem, Poincaré) y un teoreticismo secundario o falsacionista: el de Karl Popper, para quien las teorías no se verifican nunca en los hechos, pero sí pueden ser falsadas (refutadas) por ellos; la falsabilidad es el «criterio de demarcación» que separa ciencia de metafísica. Para Bueno es una opción idealista que da la espalda al problema central: la conexión efectiva entre forma y materia.
Familia (1,1): la «doctrina tradicional», el fondo permanente al que siempre se vuelve (Aristóteles, Newton, Tarski). La verdad es la adecuación o correspondencia (isomorfismo: igualdad de estructura) entre las proposiciones de la ciencia y la realidad a la que se refieren. Parece la opción más equilibrada, pero Bueno la considera un espejismo: ¿cómo podríamos conocer la estructura de la materia «en sí misma» para compararla con nuestras formas, si solo la conocemos a través de esas formas? La supuesta «materia isomorfa» sería la propia forma proyectada sobre el mundo: el adecuacionismo suma la hipóstasis de la forma y la de la materia.
Palabra técnica de origen griego que Bueno usa constantemente al criticar a las otras familias. Hipostasiar es tratar como si fuera una cosa autónoma y subsistente por sí misma algo que solo existe en función de otra cosa — convertir una función en sustancia. El descripcionismo hipostasia la materia (como si los «hechos puros» existieran sin las formas que los recortan); el teoreticismo hipostasia la forma (como si las teorías flotaran sin materia). Es el mecanismo típico de la metafísica, según el materialismo filosófico.
La cuarta familia (0,0) y la posición del propio Bueno. Los dos ceros no significan que en la ciencia no haya materia ni forma: significan, dialécticamente, la negación de ambas hipóstasis. Ni la materia ni la forma son partes «sustantivas» inteligibles por separado: son conceptos conjugados. La forma de una ciencia no es algo sobreañadido a sus materiales, sino la codeterminación circular (cerrada) de los propios materiales; por eso Bueno también llama a esta posición circularismo, «derivado de cierres categoriales muy concretos». Cuando esa codeterminación puede verse como una identidad sintética, ahí hay verdad científica. Nota de rigor: en este texto el nombre oficial de la familia IV es «materialismo gnoseológico»; «circularismo» es su descripción.
pp. 34-35 (se desarrolla en toda la Parte II) · Fuente: df188
Conceptos conjugados
Pares de conceptos (como materia/forma) que no se oponen como contrarios ni como contradictorios, sino que solo funcionan el uno a través del otro: ninguno de los dos puede definirse ni operar aisladamente, pero tampoco se reducen el uno al otro. Es la alternativa de Bueno a tratar materia y forma como dos «cosas» separadas que luego habría que juntar.
En esta lectura no significa «diálogo» ni exactamente la dialéctica de Hegel o Marx: significa que los términos y las teorías se constituyen por sus oposiciones mutuas. Las cuatro familias están «implicadas dialécticamente las unas con las otras»; elegir una exige recorrer las otras y mostrarlas insuficientes (procedimientos «apagógicos»: probar algo mostrando el absurdo de sus alternativas). La fórmula (0,0) «solo dialécticamente puede alcanzar significado»: cada 0 es la negación de un 1.
Parte II — Sesión 6 · visor pp. 21-59La respuesta de la teoría del cierre categorial
Cuerpo de la ciencia / cuerpos científicos
Una ciencia no es solo un conjunto de enunciados: es un cuerpo, un conjunto heterogéneo de materiales que incluye observaciones, definiciones, proposiciones, clasificaciones, registros gráficos, libros, revistas, congresos, aparatos, laboratorios y científicos. La Química no se agota en las fórmulas de los tratados, «como tampoco la música podría considerarse circunscrita a las partituras»: la música debe sonar, y la química solo existe donde hay reacciones reales entre sustancias. Las ciencias son además instituciones suprasubjetivas: están por encima de la voluntad de los científicos individuales y los anteceden.
El sujeto de la ciencia no es una «mente» ni una conciencia pura: es un sujeto corpóreo, dotado de manos y de laringe, de músculos estriados capaces de manipular objetos: separarlos (análisis) o juntarlos (síntesis). La racionalidad científica no se reduce al lenguaje ni al «pensamiento puro»: incluye disecar un tejido, encadenar un perro en la caja de Skinner, desencadenar una reacción nuclear. Este es el antídoto de Bueno contra las concepciones «mentalistas» de la ciencia.
Las dos respuestas extremas a la pregunta por la unidad del cuerpo científico. El subjetualismo pone el núcleo de la ciencia en la mente (o el cerebro, o la comunidad) de los científicos: el microscopio sería una «prolongación del ojo», los libros meras «ayudas de la memoria», y la ciencia sobreviviría aunque desaparecieran sus objetos («aunque ningún triángulo existiera…», Maritain). La respuesta materialista incorpora al cuerpo de la ciencia sus componentes no subjetivos con el mismo rango o superior: el microscopio es un operador objetivo, la balanza un relator, y hasta los propios astros reales o los electrones (en tanto controlados en aparatos) forman parte de la Astronomía o de la Física.
Las partes formales de un todo conservan o presuponen la forma del todo (los fragmentos de un jarrón roto, si permiten reconstruirlo); las partes materiales no (el jarrón pulverizado: las moléculas del polvo). Los análisis lógico-formales, sociológicos o informáticos de la ciencia se quedan en partes materiales (genéricas). La parte formal mínima de una ciencia —su «molécula gnoseológica»— es el teorema: la unidad mínima de una teoría científica (que no puede darse aislada, igual que un átomo de hidrógeno no anda suelto pero es unidad elemental).
Espacio gnoseológico y sus tres ejes (sintáctico, semántico, pragmático)
El instrumento de análisis central de esta lectura. En vez de partir la ciencia en dos mitades (sujeto/objeto), Bueno la sumerge en un «espacio» de tres dimensiones, inspirado en los análisis del lenguaje de Bühler y Morris: el eje sintáctico (relaciones de los signos —y de los objetos— entre sí), el eje semántico (relación con los significados y las cosas) y el eje pragmático (relación con los sujetos que los usan). Cada eje se divide en tres sectores, dando nueve figuras gnoseológicas: sintáctico → términos, relaciones, operaciones · semántico → referenciales, fenómenos, esencias o estructuras · pragmático → normas, dialogismos, autologismos.
pp. 45-48 (la tabla de las nueve figuras, en p. 48) · Fuente: df190
Términos: las partes objetuales del campo de una ciencia; pueden ser simples o complejos (el hidrógeno y el carbono son términos de la Química; el metano CH₄, un término complejo). Deben pertenecer a clases diferentes para que haya ciencia. Operaciones: las transformaciones que un sujeto operatorio corpóreo ejecuta sobre los términos, juntándolos o separándolos (por eso «quirúrgicas», con las manos: solo los sujetos operan; las moléculas no «operan» entre sí). Relaciones: las que se establecen entre los términos del campo, asociadas a proposiciones; en «5+7=12», los tres números son términos, la suma es la operación y la igualdad es la relación. Sus soportes no son solo símbolos: también balanzas y termómetros.
Primera figura del eje semántico: los contenidos corpóreos, tridimensionales de los cuerpos científicos — las disoluciones del laboratorio, los cristales de la sala de geología, las letras impresas de un tratado de álgebra, la Luna en la retícula del telescopio. Toda ciencia necesita referenciales fisicalistas, no por dogma («solo existen cuerpos») sino por razón gnoseológica: las ciencias son construcciones operatorias y solo se puede operar con cuerpos. «Una ciencia sin referenciales fisicalistas (una "ciencia de la mente" o una "ciencia de Dios") es tanto como una música sin sonidos». Eso no impide que las ciencias contengan también términos incorpóreos (las caras de un cubo, una aceleración): materiales, pero no cuerpos.
Segunda figura del eje semántico. No en el sentido de Kant (fenómeno vs. cosa en sí) sino en línea platónica: los fenómenos se oponen a las esencias. Son los contenidos tal como se nos aparecen «ahí», a distancia — Bueno los llama contenidos apotéticos (del griego: puestos a distancia; la Luna que vemos en el cielo es un fenómeno porque la percibimos ahí, haciendo abstracción de los procesos electromagnéticos que la traen a nuestra retina). Los fenómenos varían según el observador (la Luna desde el observatorio S1 no es el mismo fenómeno que desde S2), y son imprescindibles: solo con objetos apotéticos puede operar un sujeto corpóreo. Ejemplo: las rayas coloreadas del espectro del hidrógeno y sus medidas empíricas son fenómenos.
Tercera figura del eje semántico. Una ciencia solo empieza a serlo cuando rebasa los fenómenos y establece estructuras esenciales: el espectro del hidrógeno solo entra en la Física de verdad cuando se lo entiende desde la estructura del átomo de Bohr; lo blanco y salado de la sal (fenómeno) remite a los enlaces iónicos del NaCl (esencia). Contra Popper: las esencias no habitan un «tercer mundo» aparte; son relaciones entre los fenómenos de este único mundo. Determinar esencias es lo que nos saca del mundo frágil de nuestra percepción inmediata y construye «nuestro mundo real objetivo».
Par de términos latinos para los dos sentidos de un recorrido: el regressus va de los fenómenos «hacia atrás/hacia adentro», hacia las esencias o los principios; el progressus vuelve desde las esencias hacia los fenómenos, reconstruyéndolos. En la lectura aparece, por ejemplo, «el regressus hacia las esencias que puedan constituirse en el flujo mismo de los fenómenos» (p. 53).
Las tres figuras que reconocen la presencia de los sujetos dentro del cuerpo científico. Normas: las que las propias construcciones científicas imponen a quienes las reconstruyen (identificadas con las reglas de la lógica formal; también las normas de las comunidades científicas, como las «normas mertonianas»). Dialogismos: la comunicación interpersonal constitutiva de la ciencia — ningún astrónomo individual, ni una sola generación, pudo establecer que el cometa Halley de 1682 era el mismo del 613 a. C.; hicieron falta cadenas de observadores a través de siglos. Autologismos: el papel gnoseológico de la memoria, la evidencia o la reflexión de un sujeto individual — los recuerdos de Becquerel sobre la placa fotográfica guardada en el cajón no fueron solo anécdota biográfica: funcionaron en el descubrimiento de la radiactividad.
El concepto que da nombre a la teoría. «Cerrado» se toma del álgebra: una operación es cerrada cuando su resultado pertenece al mismo campo que los elementos de partida (5+7=12: sumo números naturales y obtengo un número natural, recombinable a su vez). Pero un cierre categorial exige más que una operación cerrada aislada: exige un campo con términos de más de una clase y un sistema de operaciones entretejidas cuyos resultados vuelven a engranar con el campo, generando teoremas. Cuando ese proceso se propaga, va delimitando «desde dentro» un territorio con legalidad propia: una categoría. Fórmula clave para no malinterpretar: «Cierre no es clausura» — el cierre de la Química en la tabla periódica (no habrá elementos infinitos) no la encierra: es «el principio de la soberanía de la misma Química en su campo».
se anuncia en p. 18; se desarrolla en pp. 56-60 · Fuentes: df203 y df207
Contexto determinante
La «armadura» o configuración concreta de términos en torno a la cual cristaliza un cierre: el punto de partida material de la construcción científica. En el teorema de Pitágoras, el contexto determinante es la configuración de catetos e hipotenusas de los triángulos rectángulos; en Geometría, la circunferencia puede funcionar como contexto determinante (y entonces es también un principio). Un campo categorial se parece a «un mar sin orillas» en el que se van formando vórtices: esos vórtices son los contextos determinantes y los cierres de teoremas elementales.
En la tradición (Aristóteles), las categorías eran los géneros supremos del ser (sustancia, cantidad, cualidad…), y de ellas se derivaban las ciencias. Bueno invierte el proyecto: no «tantas ciencias como categorías», sino «tantas categorías como ciencias». Las categorías no están dadas antes de la ciencia: son los propios procesos de cierre los que van delimitando una categoría material (categorías mecánicas, químicas, biológicas…). Cada categoría es irreductible: por más química que le haga a la tinta del lápiz con que dibujo el teorema de Pitágoras, no avanzo «ni un milímetro» en la demostración geométrica. Las categorías tampoco son homogéneas por dentro: son «arracimadas», con subcategorías.
pp. 58-61 (la inversión del proyecto aristotélico, en pp. 60-61) · Fuente: df153
Principios (de los términos, de las relaciones, de las operaciones)
Bueno reinterpreta los «principios» de las ciencias: no son verdades previas flotando antes de la ciencia, sino algo interno al campo, in medias res — como el «principio activo» de un fármaco. Los principios de los términos son los términos primitivos ya enclasados (los reactivos titulados del laboratorio); los principios de las relaciones se corresponden con los axiomas de Euclides, y los principios de las operaciones con sus postulados, reinterpretados como «principios de cierre». Ejemplo brillante: el principio de Lavoisier no sería metafísica cósmica («la materia no se crea ni se destruye») sino un principio de cierre de la Química clásica («la masa medida por la balanza es la misma antes y después de la reacción»).
Las cuatro «vías» por las que una ciencia construye sus configuraciones objetivas: modelos (con su taxonomía interna: metros, paradigmas, prototipos, cánones), clasificaciones (taxonomías, tipologías, desmembramientos, agrupamientos), definiciones y demostraciones. Toda ciencia entreteje los cuatro modos, aunque cada tradición filosófica haya privilegiado uno (Leibniz: definiciones; los platónicos: clasificaciones; la tradición aristotélica hasta Stuart Mill: la ciencia como «cadena de demostraciones»). Para la lectura basta retener la idea general y los cuatro nombres.
La doctrina de la verdad propia de la teoría del cierre categorial, y aquello que la opone frontalmente a las otras tres familias. Una verdad científica no es una descripción (descripcionismo), ni una construcción coherente (teoreticismo), ni una copia adecuada (adecuacionismo): es una identidad que se establece entre cursos operatorios distintos que confluyen en el mismo resultado. «Sintética» porque no se saca analíticamente de las definiciones: hay que construirla por caminos heterogéneos. El ejemplo desarrollado en la lectura: el área del círculo, S = πr². Se puede llegar a esa fórmula descomponiendo el círculo en triángulos (curso I) o en bandas concéntricas (curso II); que dos cursos operatorios totalmente heterogéneos desemboquen en la misma fórmula — esa identidad entre ambos resultados es la verdad del teorema. La identidad sintética es «el vínculo» que anuda la trama del cuerpo científico: «una ciencia que no pudiese ofrecer verdades propias —es decir, identidades sintéticas sistemáticas— dejaría de ser una ciencia». (Matiz: hay «franjas de verdad», grados de firmeza.)
se anticipa en pp. 34-35 y 57-58; se desarrolla con el ejemplo S = πr² en pp. 65-70 · Fuente: df217
Términos que NO aparecen en estas páginas
Por si los encuentran en fuentes secundarias sobre Bueno:
Hiperrealismo / hiperidealismo: no aparecen en las secciones asignadas de este libro; son terminología del materialismo filosófico usada en otras obras (el Diccionario filosófico los recoge en df088).
Holotético: en esta lectura la grafía es siempre holótico/holótica; «holotético» aparece en el Diccionario filosófico aplicado a categorías, no en nuestro texto.
Fuentes consultadas (todas verificadas el 17/07/2026)
(Cada entrada enlaza con la forma filosofia.org/filomat/dfNNN.htm.)
Glosario preparado para ESC-I a partir de la lectura directa del PDF del curso, cotejada con las fuentes anteriores. Cuando el Diccionario filosófico y el texto de 1995 difieren en matices, prima el uso que Bueno hace en este texto.